Vida de la Madre Trinidad en Aracena

Vida de la Sierva de Dios María de la Trinidad. Abogada de las familias y propagadora heroica de la devoción del Santo Rosario.

Nació Sor maría de la Trinidad en la Ciudad de Aracena (Huelva) el día 20 de enero del año 1604, fiesta de san Sebastián Mártir, titular del convento de Religiosos Dominicos, establecido en dicha culta Ciudad, entonces villa ilustre del Reino de Sevilla.

Fueron sus padres don Juan Payán Daza y Ortiz y doña Ana Valera de Cárdenas; de no gran fortuna, pero de muy hidalga condición adornada de todas las virtudes cristianas. Apenas nacida la niña desapareció misteriosamente del regazo materno, y fue hallada, medio desnuda pero gozosa, sobre un haz de áspera leña situado junto al hogar. Creció y sus juegos inocentes con otros niños eran por su iniciativa, verdaderas prácticas de piedad ingenua. Solían subir a María de la Trinidad –a quien llamaban la santita- en una mesa sobre la cual ponían un taburete y encima la niña que paseaban así, como en procesión. Una vez la dejaron caer y se produjo una herida en la frente de la que conservó una cicatriz estrellada, que más tarde se interpretaría como señal de identidad perfecta con santo Domingo de Guzmán.

Los Duques de Béjar, don Alonso Diego de Zúñiga y Sotomayor y su esposa doña Juana de Mendoza, solían dejar los veranos su casa de Gibraleón para pasar los rigores estivales en Aracena. Conocieron a María de la Trinidad y, prendados de sus virtudes, se la llevaron consigo al regresar a su casa solariega, donde la educaron al lado de su Hijo y de su sobrina María. En el palacio de estos señores se manifiesta por vez primera la gracia especial de que estaba asistida para velar por la paz y santidad de la institución familiar. Afligida la duquesa por desvíos del Duque, oró maría de la Trinidad porque volviese entre sus protectores el bien perdido y a poco cesó don Alonso en sus devaneos y la paz se restableció en su casa.

El primer día que comulgó –anticipadamente y con especial licencia- su boca se llenó de sangre fragante de Jesús. Esto fue el día de la Ascensión de 1613. según refiere ella misma en las memorias que escribió por orden del Provincial de Andalucía –Padre Maestro Fray Alonso de Santo Tomás, que luego fue Obispo de Málaga-, contaba nueve años; y dice: “después de haber comulgado hice mi voto siendo seglar, de despreciar al mundo y sus cosas, renunciar a todas las galas y ejercitarme en obras de caridad y humildad” como temiese que la vida cómoda y fastuosa en el palacio de los duques de Gibraleón perturbara sus gozo de “no ser nada”, renunció a ella y tornó a Aracena.

Su dirección espiritual la llevaban los padres dominicos en cuya iglesia conventual cuidaba con amor fervoroso la imagen de la Santísima Virgen del Rosario, procurándole vestidos y adornos con sacrificio personal. A los trece años de edad recibió el santo hábito de terciaria dominica. Quiso retirarse a una cueva de los montes de aracena, pero le disuadió su padrastro, el virtuoso varón Alfonso Martín de Moya a quién obedeció convencida de que Dios le había asignado tarea espiritual entre sus semejantes.

Pasaba el tiempo de cuaresma sin otro sustento que el pan de los Ángeles que le daba prodigiosas fuerzas físicas y espirituales para resistir las privaciones a que se sometía en sacrificio voluntario por el bien de los demás. Su afán permanente era pedir por las necesidades de las familias.

Su amor a Jesús sacramentado despertó en Sor María de la Trinidad felices disposiciones para la poesía; y escribió muchos y muy inspirados versos al santísimo, al Santo Rosario y a sus principales devociones. La sagrada Familia fue cantada por su estro con gran acierto. También la Cruz de la Redención fue objeto principal de su inspiración delicada. Durante la Cuaresma hacia públicos Vía-Crucis, lo mismo en Aracena que en Sevilla, a cuestas con una pesadísima Cruz de madera con la que recorría las estaciones en los templos y retablos murales callejeros, sin descanso alguno, a la vez que recitaba esta jaculatoria:



“Por la Cruz busco a Jesús

Y por la Cruz le he de hallar;

Y si le quiero gozar

También será por la Cruz”

Se proponía con sus duras mortificaciones atraer hacia sí el sufrimiento de todos los demás. “Sufrir en mí” era su afán. Y el señor llegó a concederle todos los dolores de su Pasión y quedó estigmatizada con las llagas de Cristo, Señor Nuestro. También le otorgó el consuelo de muchas curaciones de enfermos, numerosas conversiones e incontables favores para el bienestar de hogares y necesitados.

Sus grandes anhelos fueron la santidad de la familia y la extensión del rezo del Santo Rosario. El convento que fundó por indicación de la Santísima Virgen del Rosario, en Aracena, poética fundación lograda sobre el solar de su propia casa y jardines anexos, donde aún existen naranjos y rosales plantados por sus manos: azahar por el Esposo y rosas para la Madre, llamase de Jesús María y José, conforme a sus deseos y está dedicado al Santo Rosario que rezaban, completo, cada día, las quince religiosas dominicas que con los nombres de los quince misterios lo poblaban.

Con el rezo del Santo Rosario y sus esfuerzos extraordinarios por extenderlos contribuyó a detener –son palabras suyas- los estragos de la reforma y reparar lo que destruían los protestantes sumidos en la herejía de Lutero.

Sus postulados de entonces, Familia y Rosario –hogar unido y oración conjunta-, son los mismos que actualmente recomienda la Santa Madre Iglesia para atajar los principales disolventes de las fuerzas del mal que avanzan desde el Septentrión.

También le llevó su fervor a crear los Rosarios públicos de mujeres. A iniciativa de la Madre Trinidad deben España y América al rezo callejero del Santo Rosario. Muy entrado el siglo XX aún se rezaba en Aracena al modo como lo fundó esta sierva de Dios. Y ante el retablo mural que señala en la antigua calle del Rosario – hoy Rosario Cañizares, de esta Ciudad, donde se organizó la salida inicial-, elevábanse preces por los fieles Difuntos.

Por todos sus esfuerzos, mortificaciones y sacrificios, sufrió persecuciones del Malo, que le inflingió castigos directos y aquellos otros con que por su inducción le afligieron los hombres maldicientes y crueles. No se conoció flaqueza en su ánimo para el sufrimiento que deseaba, pues entendía que por el dolor siempre estaba cerca Jesús.

De todos sus enemigos triunfó y a todos perdonó. Para amigos y adversarios pidió al Señor y obtuvo por la Santísima Virgen que la epidemia de mortífera peste que azotó a Andalucía y especialmente Sevilla en 1649, no alcanzase a Aracena, y así sucedió. Desde entonces es San Blas el Patrón de la Ciudad, pues le confió la Madre Trinidad el cumplimiento del favor que del cielo le había dispensado. La espantosa epidemia aludida hizo que desde Sevilla se trasladasen a Aracena muchas familias temerosas y entre ellas los esposos don Cristóbal López de Vergara, Jurado, y doña Antonia Ontiveros, providencialmente enviados allí para cumplir el designio de dedicar cuantiosas sumas a la construcción del edificio conventual y su templo, deseados por la admirable mística.

Murió la sierva de Dios María de la Trinidad, en Sevilla, cuando luchaba por la edificación de su convento de Aracena. Era el 7 de enero de 1660, día de San Raimundo de Peñafort. Por ser muy conocida, Sevilla entera le rindió el tributo de su honda condolencia. Sus restos mortales fueron enterrados al pie del altar mayor de la Iglesia conventual dominica de Regina Angelorum. Diecisiete años después fueron trasladados a Aracena, con gran solemnidad, y depositados incorruptos, en la sepultura que se le dispuso entre rejas del coro bajo del convento por ella fundado. Allí visitada por sus admiradores fieles, evocada por los que de su intercesión esperan, y cada día era alabada por las religiosas que obedecen las Reglas que escribió, reposa con esperanza de resurrección en la vida perdurable.

La causa de de beatificación de maría de la Trinidad fue abierta en 1669 por el Emmo. Y Rvdmo. Arzobispo de Sevilla don Ambrosio Ignacio Espínola y Guzmán. En la actualidad, personas favorecidas por la intercesión de la sierva de Dios, ofrecieron activarla…


Niño Jesús de la Madre Trinidad

La vinculación de la Cofradía con esta imagen viene de siglos atrás. Esta Imagen que perteneció a la Venerable Madre Trinidad fundadora del Convento de Dominicas de Jesús María y José, que hasta 1971 se veneraba en la iglesia del convento de Jesús María. Cuando la procesión, de cada primer domingo de Octubre, de la Virgen del Rosario pasaba por el convento la visitaba entrando el paso de la Virgen en la capilla al tiempo que las monjas entonaban cantos y los himnos propios dominicos en honor a la Virgen. Hasta hace unos años esta tradición se seguía cumpliendo al colocarse un altar en el salón una casa particular donde estaba depositada la imagen desde el cierre del convento.

Durante varios años la Cofradía ha instalado un altar con la imagen de este niño Jesús, muy venerado en Aracena, con ocasión de la Festividad del Corpus Christi.

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