HISTORIA DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO DE ARACENA

La orden de Predicadores en Aracena

Doña Ana Barba de Castilla dispuso la fundación de un Convento en Aracena de la Orden de Predicadores allá por el 1.564. Cuando se establecieron los frailes dominicos en la ciudad, en 1.568, ya existía en la primitiva ermita del Señor San Sebastián una Cofradía del Labradores que le rendía culto desde el siglo XIV.

Esta antigua ermita de San Sebastián, fue el lugar indicado para el asiento de los frailes. En 1568 llegó el permiso de la Orden y la bula de Pío V autorizando la fundación. El 23 de julio de 1569 tanto el cabildo municipal como el prioste y cofrades de San Sebastián postulan el cambio de emplazamiento del Hospital que regentaban en el citado lugar. La cofradía hace donación al convento de la Iglesia, hospital y demás dependencias con la condición de hacer otro hospital en el barrio de la parroquia. La fundación de la Cofradía va pareja de la fundación del monasterio por el patronazgo de la Virgen santísima sobre la Orden Dominica.

El proceso de adquisición patrimonial fue prolijo, recibiendo el convento varias viñas y en 1591 Pedro Vázquez de la osa les venda una casa para ampliación del monasterio en el “campo de san Sebastián”. Las adquisiciones continúan no sólo a través de compras, sino también de resultas de testamentos o fundaciones de misas y servicios funerarios.

“A pesar de esta actividad, el Monasterio de San Sebastián no llegó en Aracena a gran esplendor material. Así lo testimonia la humilde fábrica de su convento de tradición mudéjar, heredera de la antigua Cofradía del Señor San Sebastián. A fines del periodo barroco albergaba a sólo 13 frailes, diez sacerdotes y tres legos, que vivían de rentas bastantes más exiguas que los demás conventos, 6064 reales…”

A pesar de4 los escasos recursos, la orden tuvo una gran influencia en la Aracena de la Contrarreforma. Los priores conventuales fray Antonio de Valbuena y fray Tomás de Torres, fueron grandes testigos de los prodigios de la Venerable Madre Trinidad, mística aracenensa que cuidaba allá por el siglo XVII el adorno de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, juntamente con fray Pedro de Cea, impulsores de la devoción al Stmo. Rosario. Estos frailes se situaron en la primera fila de las grandes tendencias del catolicismo tridentino, actuando de manera determinante en la difusión de varias de las devociones principales de la ciudad. La advocación tan dominica de Regina angelorum es objeto de peregrinaciones a la cual asiste corporativamente la Cofradía rosariana de Aracena que nace bajo la protección de los dominicos.”

La presencia de la Cofradía en la peregrinación de la Reina de los Angeles en 1581

“El 21 de abril de 1.581 fueron el clero y la gente de Aracena en procesión a Ntra. Sra. de los Ángeles, en la Peña, que está a dos leguas de Aracena y antes de salir la procesión se dijo una de las nueve misas que se decían a Ntra. Sra. en la Iglesia Mayor.

Juntándose en Santa Lucía, como es costumbre que sea, a la salida de Aracena y comenzó la procesión, que se iban en ella dos curas, el licenciado peña y el Doctor Infante y los dos sacristanes y sus ayudantes y muchos presbíteros y diáconos y otros ordenantes de menores órdenes y eran los curas de las Aldeas del término de Aracena; todos los clérigos de orden salieron con sobrepellices y cantando hasta allá iba la justicia y el régimen de gobierno en esta villa y mucha otra gente, hombres y mujeres y muchachos, todos a pie.

Llevose la cruz de plata de la Iglesia Mayor y velo, y crucifijo de la Misericordia y del Rosario y el de la Soledad y el de San Jerónimo y al puerto de la Peña junto al Robledo y estaban la Cruz y cofradía de la Peña esperando y así fue Hasta allá y dijo misa cantada el Doctor Arias Montano, que tenía el curazgo y así mismo había salido a recibir la procesión…”

El impulso en la época Barroca: La Venerable Madre Trinidad

Ya en 1.615, el convento de Aracena no se significaba, al igual que en el resto de Andalucía, por la defensa de la Concepción Inmaculada de la Virgen. Esto provocó graves discrepancias con el clero y el pueblo, grandes defensores de la Concepción sin mancha de María Santísima.

Pese al fracaso de los dominicos frente al sentir popular en defensa del Dogma Inmaculado, estos participaron activamente en las diatribas por la elección del patón de la ciudad a lo largo de la última mitad del siglo XVII. Entre San Ginés, San Roque, San Sebastián y San Blas, fue éste último el que finalmente en 1700 resulta nombrado protector de la ciudad. En este proceso la Madre Trinidad jugó un papel trascendental para que la candidatura de San Blas fuera la vencedora, y por ende un triunfo de los dominicos. En 1671 el hagiógrafo de la beata María de la Trinidad, fray Antonio de Lorea, refiere cómo tras haber restaurado una imagen del santo que había en el convento, se le apareció éste con su ornamentos pontificales y le pidió lo propusiese en el cabildo como patrón, siendo intercesor especial contra la peste que en aquellos años azotaba la población andaluza.

Durante el barroco se extenderán por toda Andalucía y antes en Aracena, la práctica del rezo callejero del Rosario, con luminarias y presididos por estandartes y grupos de coros que cantaban las avemarías y ensalzaban los misterios. Nuevamente, la mística María de la Trinidad, fundadora del convento femenino de Jesús María y José, protagoniza este fenómeno, y a ella de deben muchas de las coplas que aún cantan los campanilleros de Aracena en los Rosarios de la Aurora.

La imagen de la Virgen del Rosario

Según tradición, la imagen Titular de la Cofradía fue donada por San Pío V desde Roma al tiempo de la fundación del Convento, para que fuese entronizada en un camarín en el monasterio. Se trataba de una imagen de candelero atribuida al artista de la época “Miguel Ángel Buonarrotti”.

Fray Antonio de Lorea, atestigua en sus escritos en 1.671 que “Es la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Aracena una de las hechuras más hermosas y más devotas que tiene, no sólo en la provincia de Andalucía sino aún en Castilla”. Así la devoción y fervor a la imagen no tardó en extenderse de generación en generación, debido a la prodigalidad de sus milagros y favores concedidos a sus devotos.

Durante los siglos XVII y XVIII se extiende la Fama Milagrera de la Virgen del Rosario

La Virgen Santísima concedía favores a todos aquellos que con fe la imploraban, hasta el extremo que hasta sus rotas prendas de vestir estaban facultadas por la Providencia Divina según Víctor González Tello nos relata en sus “Apuntes de Aracena y su Distrito”:

Para restituirla por otra nueva se envió a Sevilla una toca en desuso de la santa madre de Cristo, en ocasión a que un joven de veinte años llamado D. Enrique de Cepeda y Andrade hacia más de dos años que estaba enfermo en cama y diagnosticado por los facultativos con padecimiento sin remedio capaz de agotar todos los recursos económicos de su patrimonio humilde y sin que con ello se consiga salud para el doliente, el enfermo se consumía progresivamente ya carecía del habla y de movimiento, cunado fue a visitarlo precisamente la señora que llevó el encargo a Sevilla de comprar una nueva toca y con ahíncos de fe aplicó sobre la cabeza del padecido la toca vieja de la Virgen a la par que con los familiares se rezó una estación con otras tantas Ave Marías. Al terminarse el rezo, el enfermo quedó dormido, sueño que duró tres horas y al despertar pidió comida, cosa que antes no hacía y mientras fueron por ella, se levantó de la cama bueno y sano, y sin reliquias del achaque como si jamás lo hubiese padecido.

Debido a esto desde las más altas personalidades, hasta los más humildes le hicieron a la imagen de Aracena regalos sin cuento, por ello tiene muchas joyas y buenas ropas, entre las primeras se cuenta doce anillos, uno de topacio y cerco de diamantes, regalo de Doña María Luisa de Saboya, que fue con el que se desposó con el Rey Don Felipe V.

La devoción de la Virgen del Rosario tuvo un gran impulso de manos de la mística Aracenense la Venerable Madre Trinidad, camarista de la Imagen de la Virgen, propagadora heroica del Santo Rosario y fundadora del convento de Jesús María y José de Monjas Dominicas.

Y fue hasta la época de las desamortizaciones cuando el influjo de la Orden de los Dominicos siguió dirigiendo espiritualmente a los cofrades del rosario de Aracena. Después de la expulsión de los frailes del convento de Aracena, el culto a la Virgen del Rosario y a San José siguió gracias a la dedicación de sus devotos hasta la guerra civil española, pasando por la guerra de la Independencia, que no minoró el culto aunque propiciara la pérdida de parte del archivo de la cofradía.

El gran mérito del ajuar de la Cofradía

A lo lago de la historia la devoción a la imagen de la Virgen del rosario de Aracena ha propiciado que un gran número de devotos de las mas altas estirpes de la ciudad y de sus alrededores hallan donado vestidos y alhajas de extraordinario valor.

La ráfaga, corona y media luna de plata mexicana son donación en el siglo XVIII de los hermanos Don José María, Doña María de las Mercedes, Don Sebastián y Doña Josefa Lobo y Lobo, debiéndose también la donación de un Niño Jesús con su maguado de seda bordado en oro y sus mantillitas que sirven para la fiesta de Navidad. Del mismo modo tiene la Cofradía otros muchos regalos consistentes en un incensario de plata de ley, una bandeja, 6 candeleros pequeños, unas potencias de plata mexicana para el Niño de la Virgen, un atril, un crucifijo, una insignia para el mayordomo, un cinturón galón de oro regalado por Doña Natalia García.

La crónica de Víctor González Tello nos enumera el inventario de la Cofradía que al día de hoy se conserva la inmensa mayoría de lo enseres referenciados, “…un manto de terciopelo verde y otros tantos de seda, los primeros en colores verde, flor de granado y púrpura subido o carmesí el primero de estos data de año 1864 y tiene dos blondas de oro, el segundo con encaje de oro de seis centímetros y doce metros de largo y los de seda celeste, verde y negro, teniendo el primero puntas de plata; ocho vestidos para el Niño con diferentes colores, nueve para Nuestra Señora, dos de ellos blancos, uno de estos de rica tela y bordado en oro donación de los esposos Don Gabriel Guerra y Doña maría de Salvatierra, dos de terciopelo, uno verde y el otro morado y cinco de estos en celeste, morado, color yema de huevo, pajizo o color caña y encarnado, con las particularidades de que el celeste bordado en plata, el de color yema de huevo mezclado en oro y el pajizo que vino del Perú como regalo de Don Juan Muñoz gago, tres tocas de tul con puntas de oro regalo de doña Rosario Romero Oliva y otras mas de punto; dos ricos pañuelos de mano y otras mas modestas ropas y enseres….”

La crónica de Víctor González Tello nos enumera el inventario de la Cofradía que al día de hoy se conserva la inmensa mayoría de lo enseres referenciados, “…un manto de terciopelo verde y otros tantos de seda, los primeros en colores verde, flor de granado y púrpura subido o carmesí el primero de estos data de año 1864 y tiene dos blondas de oro, el segundo con encaje de oro de seis centímetros y doce metros de largo y los de seda celeste, verde y negro, teniendo el primero puntas de plata; ocho vestidos para el Niño con diferentes colores, nueve para Nuestra Señora, dos de ellos blancos, uno de estos de rica tela y bordado en oro donación de los esposos Don Gabriel Guerra y Doña maría de Salvatierra, dos de terciopelo, uno verde y el otro morado y cinco de estos en celeste, morado, color yema de huevo, pajizo o color caña y encarnado, con las particularidades de que el celeste bordado en plata, el de color yema de huevo mezclado en oro y el pajizo que vino del Perú como regalo de Don Juan Muñoz gago, tres tocas de tul con puntas de oro regalo de doña Rosario Romero Oliva y otras mas de punto; dos ricos pañuelos de mano y otras mas modestas ropas y enseres….”

“De esta manera llegó la cofradía de Nuestra Señora del Rosario al año de 1936 cuando los desmanes de la horda roja causó tantos estragos y en las iglesias aracenensas donde el tan repetido diez de agosto, el marxismo a las órdenes de la Rusia Soviética trataron de extinguir con el fuego todo cuando a religión olía y por ello formaron una hoguera en la plaza de Santo Domingo en la cual fueron pasto de las llamas quince imágenes de esta iglesia que historiamos entre los que se encontraban la de los títulos de nuestra señora del Rosario, Santo Domingo, Santa Catalina de Siena, San Francisco, San pedro Mártir, la Virgen de la salud con el Niño Jesús, Santa Lucía Dominica, san José con el Niño de paseo, el Niño de Jesús perdido, Santa Rosa de Lima, y otras que sentimos no recordar así como varios crucifijos salvándose las imágenes de santo Tomás por estar ya caída en el suelo y la de San Sebastián, que estaba en lo alto del altar del prebisterio aún cuando con las huellas de haberse tirado objetos quedando con dos velas sobre sus hombros. De las imágenes desaparecidas de esta iglesia sólo ha sido repuesta al día de hoy (Agosto de 1941) la de Nuestra señora del rosario, costeada por el matrimonio Don José Rafael López de palacios secretario de la Hermandad y su esposa la camarera Doña Urbana Alonso Roncero y sus dos hijos con una producción del escultor sevillano Don Antonio Castillo Lastrucci, habiéndola puesto a disposición del Arzobispado de Sevilla para su colocación donde este determinase, habiéndolo hecho para esta iglesia de Santo Domingo.” En la misma década la citada familia domó a la Cofradía la imagen de San José y San Rafael Arcángel y su altar dispusiendo que la Imagen de la Virgen del Rosario recibiese culto en la Parroquia de la ciudad.

“se bendijo la imagen el 25 de septiembre de 1938 por el párroco López de tejada, realizando como primer culto una novena comenzada el primer domingo de octubre con exposición de S.D.M. y misa todas las mañanas la que anuncian los campanilleros con sus coplas y en su último día función solemne con panegírico y el día de la Santísima Virgen procesión recorriendo el acostumbrado itinerario por las calles de la población.

También fueron pasto de las llamas de esa hoguera algunos buenos cuadros de caballete, al óleo y de gran estima entre los que se encuentra un lienzo con el santísimo Cristo con la cruz a cuestas que formaba el altar, otro también grande con marco bocelado con las figuras de los coros angélicos y tres bellos cuadros con la Dolorosa, la Virgen de la servilleta y santa Úrsula con sus compañeras, obra del presbítero de Aracena Don Andrés González, que cobraba sólo sus colores y lienzos importando 500 reales y fue copia de otro que trajo Fray Pedro Martínez, propiedad del convento de San Pablo de Sevilla y para mayor prueba de tales desmanes, diremos que alcanzaron al mobiliario de la sacristía y del coro alto desde donde lanzaron el melodiom y destrozaron un armario que contenía candelabros de plata dorada y plantas artificiales.

La Cofradía del Rosario se rige por unas reglas aprobadas por el Ilustrísimo Sr. Gobernador Eclesiástico Diocesano en 30 de junio de 1863 a pesar de haberse pedido la reforma de las anteriores en nueve de noviembre de 1846 y está inscrita en el Gobierno Civil de Huelva el 15 de mayo de 1.902.

De las garras de los desmanes rojos escaparon por estar en una habitación muy oculta casi todo el ajuar de la Asociación del MES DE MARÍA, que para sufragar sus gastos acostumbraba anualmente a efectuar una puja a la llama la subasta de multitud de confituras y otras muchas donaciones de los feligreses, salvándose también todas las alhajas y ropas de la Virgen del rosario que estaban en casa de su camarera Doña Urbana alonso.”

Finales de siglo. La decadencia y el resurgir de la Cofradía

A finales del siglo XX el culto a la Santísima Virgen del Rosario experimenta la superación de una profunda crisis. Nunca se dejo de celebrar sus cultos anuales, aunque el esplendor de los amos cincuenta se vio mermado en la década siguiente por el cambio de los usos y costumbres, la migración de parte de la población… los rosarios de campanilleros se dejaron de celebrar durante los nueve días que duraba la novena y paso a efectuarse los domingos del mes de octubre, y la incorporación de cofrades quedó gravemente estancada.

En los noventa resurge la llama dominica por la fe de sus devotos y el culto a la Santísima Virgen experimenta un nuevo esplendor. Se renuevan las reglas, siendo aprobadas por el obispo de Huelva don Ignacio Noguer Carmona en 2.005 y recibe la Agregación a la Orden de Santo Domingo de Guzmán el mismo año. El 25 de mayo del 2.006 se procede a la renovación de la junta de gobierno de la cofradía, a través del primer proceso electoral democrático de su historia, que se encargará de mejorar y difundir la devoción al Santo Rosario y a garantizar el traspaso de este magnifico legado devocional, tan tradicional en la ciudad de Aracena a las generaciones futuras. En el aspecto patrimonial, la imagen de la Virgen es restaurada por Don Manuel escamilla Barba en el 2.001 y comienza el proceso de ejecución de un nuevo paso procesional en orfebrería plateada y de trazas mayores que el trono antiguo.

Debido a las obras de culminación del Templo Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la cofradía tuvo que trasladarse de su actual sede canónica que lo es desde el año 1.943. en la fría tarde del 19 de diciembre del año 2.006, los muros del antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán contemplan nuevamente tras setenta y dos años de ausencia, la Imagen bendita de la Virgen del Rosario y su Santísimo Hijo.

El templo dominico años atrás había sido salvado de su ruina gracias a la restauración integral al cual fue sometido. La colaboración económica de instituciones públicas y del Excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad, han posibilitado un uso cultural y religioso de la Iglesia más acorde con la historia del edificio, que durante años sirvió como almacén de la Asociación Cultural “Cabalgata de Reyes Magos”.

La Virgen del Rosario fue entronizada de nuevo en su camarín. Fue un momento histórico, reviviendo una estampa como antes disfrutaron las generaciones anteriores, para recibir renovado culto en su sede fundacional, mientras durasen las obras del templo parroquial.

En septiembre del año 2.009 y tras 480 años inconclusa, la Virgen fue de nuevo trasladada a su altar de la Parroquia de la Asunción, situado en la nave del evangelio y poniendo fin al glorioso exilio dominico, no sin antes dejar un testigo cualificado de la raigambre dominica de la cofradía, depositando el Simpecado de la Virgen en su camarín para perpetuar los lazos que unen a la cofradía con la Orden de Predicadores.

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Colaboración de Ana María Palacios Romero.

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